lunes, 4 de noviembre de 2019

TESTIMONIOS SOBRE MISIONES

TESTIMONIOS SOBRE MISIONES

¿Cómo influyeron en mí las misiones?
Testimonio del joven  Ricardo Cué Isoba

África te necesitaLa misión para mí ha sido, es y será una experiencia inolvidable e irrepetible. Es una sensación de felicidad y plenitud que no se comparan con todos los lujos que tenemos en la vida diaria.

Para serles sinceros, la primera vez que acudí a una misión fue de una forma involuntaria, más bien obligada por mi papá, pues él fue el impulsor de este apostolado en mi familia y no tengo final para acabarle de agradecer por haberme hecho pasar por esta experiencia inolvidable. Recuerdo que el día que llegamos yo estaba enojado y sin ganas de cooperar. Era un tanto normal, ya que tenía 14 años, nunca había dejado mis vacaciones para irme a una cosa así y recuerdo que mi papá me dijo: “Mira, yo te prometo que no te la vas a pasar mal, pero, si en realidad te la pasas mal te juro que no regresas el próximo año”; entonces me dije: “Ahora sí me la voy a pasar o voy a hacer todo lo posible para pasármela mal para no regresar”.

El primer día, con mi cara de aburrido y enojado, salí a misionar casa por casa y me iba dando cuenta de tantas cosas que nunca pensé que pudieran hacerme cambiar de parecer. Entonces, esa tarde en la comida, me enteré que me tocaba dar una plática a los jóvenes. ¿Yo una plática a los jóvenes?, ¿Qué les iba a decir? Pero entonces se me acercó el Padre que nos acompañó y me dijo: “Tranquilo, yo sé que tú vas a poder, sólo encomiéndate a Dios y no necesitas nada más”. Llegó la tarde y no esperaba tanta gente. Eran como 30 jóvenes, entre hombres y mujeres, sentados esperando a que les hablara de algo. Entonces busqué en mi mochila y ví un libro llamado “Manual del Misionero” y bendito libro; lo abrí y justo en la página que salió era un tema actual. Comencé a hablar y seguí hablando. Pasaban los minutos y yo hablaba y cuando me di cuenta ya había pasado más de una hora y ya no sabía qué hacer. Entonces los puse a platicar entre ellos y se fueron felices.

Cuando regresé a descansar, lo primero que hice fue ir a contarle al Padre cómo me había ido y yo estaba tan emocionado que el Padre me preguntó: “Bueno y ¿qué les dijiste?”, en ese momento mi mente se quedó en blanco y ya no supe qué decirle y le contesté: “No me acuerdo, no sé” y él se comenzó a reír y me dijo: “¿Viste cómo encomendándote a Dios las cosas salen como uno quiere y espera y, que el que hablaba no eras tú, sino Dios a través de ti, que se manifestaba en ti?”. Cuando me dijo esto, quedé asombrado y petrificado de tanta razón que él tenía.

Con esto quiero darles a entender que ustedes no se preocupen acerca de lo que vaya a pasar, porque sólo Dios sabe por qué los mandó y Él SIEMPRE los va a ayudar para que nunca pasen un apuro, eso se los garantizo.

Pasó el tiempo y era hora de regresar a misiones y yo estaba más que listo. Esta experiencia que hoy comparto con ustedes es algo inexplicable de el por qué o, más bien cómo, se disfruta una semana sin televisión, amigos, novias, celular, antros, fiestas y con todo lo relacionado con las vacaciones de Semana Santa que no las habíamos vivido como se debe.

Quiero que piensen que: días, fiestas, amigos… y tiempo para ello, siempre sobra, pero, entregar una semana de todo eso a Dios, por otra gente, créanme que nunca se van a arrepentir.

Para finalizar sólo me queda dar gracias a Dios por haber iluminado a mi papá para ir de misiones y a todas y todos los misioneros con los que he convivido porque han hecho de esto una experiencia inolvidable.

Así que yo los invito a que reflexionen y piensen un poco en este pequeño texto que comparto con ustedes para que así como a mí, las misiones cambien su vida.


2.- Testimonio de un misionero

Testimonio de Carlo Bruzaferro Monti

Dejar mi familia y país y venirme dos años de misión fue una decisión que tuve hace un año exactamente. Aquí estoy, en México, y justo en el medio de esa mi grande misión, surgió la Megamisión.

Ya había participado en otras misiones chicas, mas esta sí me permitió hacer un balance de cómo anda todo. Fue como un resumen de todo. Dividiré la misión de dos maneras:

1. El shock con la realidad del mundo.
2. El encuentro con Dios.

El shock con la realidad

Primero porque salimos de una colonia rica de Monterrey y llegamos a un pueblo bien pobre de Hidalgo: Atotonilco. Lo que más me llamó la atención fue como los muchachos que fueron con nosotros no tenían ni idea de lo que era la pobreza. Incluso ya se me había olvidado de muchas cosas que ya no veía hace mucho tiempo.

¡No conocer estas realidades explica cómo muchas personas no hacen nada por los demás! No saber lo que pasa es la razón por la cual muchas personas están bien acomodadas en sus sillones.

Pero me pregunté si realmente las personas no saben lo que pasa en esos pueblos. ¿Será que viven en burbujas tan cerradas que jamás verán una imagen de un niño muriendo de hambre en la televisión? O, será que la televisión es algo tan artificial que todo parece mentira? O, ¿será que ven tantas escenas de este tipo que ya se anestesiaron?

Hay muchos Santo Tomás que necesitan tocar en las llagas de Cristo para creer. Muchas personas que no les basta las imágenes en la tele, tienen que ir hasta allá para vivir y darse cuenta de cómo es la vida real de nuestro planeta. Quieren comprobar lo que ven en la televisión.

Muchos de esos muchachos realmente se transformaron después de tocar las llagas, de comer tortillas con nopal todos los días, de dormir en el piso, de no bañarse por no tener agua, de convivir con los problemas insolucionables de la gente, familias abandonadas por los papás, enfermedades muy graves y caras de curar, abortos inocentes, alcoholismo crónico, etc. En fin, se transformaron después de vivir como el 90% de la gente que vive en el mundo.

Ojalá realmente todos al menos crean después de haber tocado las llagas de Cristo, pues todavía hay mucha gente en el mundo que aún después de tocarlas, siguen como antes.

El encuentro con Dios

Digo que muchos por primera vez se encontraron con Dios, porque se dieron cuenta de los dones que Dios les había regalado: inteligencia, alimentación, confort, los mejores médicos y hospitales, autoomóvil, computadora, trabajo, salud, amigos sanos, familia y la Fe Católica! Se dieron cuenta que deberían compartir eso todo con los demás, que deberían dejar algunas cosas para ayudar a los otros. ¡Vieron que la felicidad está en dar! La gente de allá no tenía nada y aún así nos ofrecían sus casas para doce hombres con comida y todo. Sacaron sus niños de los cuartos para hospedarnos a nosotros. ¡Son personas sencillas pero que tienen postgrado, maestría y doctorado en generosidad!

-¡Enseñamos la sabiduría de esta gente! ¿Qué saben ellos? ¿Por qué no tienen nada y son felices? ¿Por qué son tan generosos si no tienen nada? ¿Por qué? ¡Queremos platicar contigo Señor!

A muchos de los que íbamos de misiones ya se nos había olvidado cómo rezar, más teníamos muchas ganas de hacerlo. Queríamos ponernos de acuerdo con Dios, agradecerle, pedir perdón por el tiempo perdido, pedirle ayuda para saber lo que platicar con la gente, queríamos comprender el por qué de tanta generosidad en un mundo tan maltratado, queríamos aprender a amar.

- ¿Amor? ¿Qué es eso?
- Una novedad que nos acaba de platicar un hombre, ¿cómo se llama?... ¡Ah, Jesús de Nazareth!

Muchas personas por  primera vez tuvieron que depositar toda su confianza en Dios, pues allá su dinero, títulos, contactos sociales, amigos y parientes no ayudaban en nada. Sí, esa misión fue más útil para los misioneros que para el pueblo.

Concluimos que Nuestra misión fue, no en uno, y sí en dos pueblitos abandonados: Uno se llamaba Atotonilco y el otro... nuestros propios corazones.

Descubrimos que nuestros corazones son a veces más desiertos, más secos, más pobres de lo que imaginamos. Descubrimos que todo lo que tenemos por fuera no llena, al revés, puede estancar nuestro corazones. Sólo Dios tiene el poder de inundarnos con la satisfacción, la felicidad y el Amor. Él es el único que nos puede enseñar a ser como esa gente: desapegados, sencillos, alegres, verdaderamente generosos y felices. Él es el único camino, ¡Maestro de Amor!

Cristo , ¡haz nuestro corazón semejante al tuyo!

Sentimos esa importancia una tarde cuando nos encontramos en una capilla en el medio del desierto, después de haber andado todo el día citando a la gente, después de hacerlos andar horas para venir a Misa y de estar esperando dos horas al sol al Padre que no llegaba. Todos nos quedamos sin saber qué decir o hacer, por lo que decidimos rezar el Rosario con las personas.

No podía creer que íbamos a dejar a todos sin la Misa después de tanto sacrificio. Pedimos fervorosamente que el Padre llegase, y en el 3° misterio del Rosario, cuando habíamos acabado de pedir por el padre, llegó él para hacer la Misa.

Miré a todos y percibí que no era el único maravillado con la intercesión de María, con el poder de la oración. Era como si Dios nos quisiera enseñar a pedir (Pedid y se os dará).




miércoles, 25 de septiembre de 2019

San Pío de Pietrelcina (Padre Pío)



El Tigre y el Cachorro
Un cachorro, perdido en la selva,
vio un tigre corriendo en su dirección. Comenzó entonces a pensar rápido, para
ver si se le ocurría alguna idea que le salvase del tigre. Entonces vió unos
huesos en el suelo y comenzó a morderlos.
Cuando el tigre estaba casi para
atacarle, el cachorro dijo en alto:
- ¡Ah, este tigre que acabo de
comer estaba delicioso!
El tigre, entonces, paró
bruscamente y, muerto de miedo, dió media vuelta y huyó despavorido mientras
pensaba para sí:
- ¡Menudo cachorro feroz! ¡Por poco
me come a mi también!
Un mono que había visto todo, fue
detrás del tigre y le contó cómo había sido engañado por el cachorro. El tigre
se puso furioso y dijo:
- ¡Maldito cachorro! ¡Ahora me la
vas a pagar!
El cachorro, entonces, vio que el
tigre se aproximaba rápidamente a por él con el mono sentado encima y penso:
- ¡Ah, mono traidor! ¿Y que hago
ahora?
Comenzó a pensar y de repente se le
ocurrió una idea: se puso de espaldas al tigre y cuando este llegó y estaba
preparado para darle el primer zarpazo, el cachorro dijo en voz alta:
- ¡Será perezoso el mono! ¡Hace una
hora que le mandé para que me trajese otro tigre y todavía no ha vuelto!
"En momentos de crisis, solo
la imaginación es más importante que el conocimiento" (Albert Einstein)
Pídele al Espíritu Santo que te
ilumine siempre en situaciones complicadas y que te ayude cada día en las
decisiones y acciones que hayas de tomar.




Web católico de Javier
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San Pío de Pietrelcina (Padre Pío)

San Pío de Pietrelcina (Padre Pío)

San Pío de Pietrelcina

lunes, 8 de julio de 2019

Santa María Goretti

Doblemos la rodilla
Descripción: pájaros de diversas especies


¿Has visto un
pajarito durmiendo en una rama o en un hilo, sin caerse? ¿Cómo es que él
consigue eso? Si nosotros intentáramos dormir así, nos caeríamos y nos
romperíamos el cuello.
El secreto
está en los tendones de las piernas del pajarito. Están hechos de tal forma
que, cuando la rodilla está doblada, la pata se aferra firmemente a cualquier
cosa. Los patas no se soltarán de la rama hasta que él  desdoble la
rodilla para volar.
La rodilla
doblada es lo que da al pajarito la fuerza para aferrarse a cualquier cosa. ¿No
es esto una maravilla? ¡Qué diseño increíble hizo Nuestro Señor para crear al
pajarito! Pero, ¿sabes?, no es tan diferente en nosotros…
Cuando nuestra
“rama” en la vida se quiere romper, cuando todo está amenazando con caerse, la
mayor seguridad, la mayor estabilidad nos viene de una rodilla doblada… doblada
en oración.
Si algunas
veces te ves en una maraña de problemas que te hacen perder la fe, desanimado
de caminar, ya no camines sólo. ¡Jesús quiere fortalecerte y caminar contigo
durante toda tu vida! ¡Es Él quien renueva tus fuerzas y tu fe, y si Él cuida
de un pajarito, imagina lo que no hará por ti que eres su hijo amado. ¡Te basta
solo con creer!
Web católico
de Javier




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Santa María Goretti

Santa María Goretti



Santa
María Goretti
(1890 - 1902)

María
había visto la luz el 16 de octubre de 1890, en Corinaldo, provincia de Ancona,
Italia, en el seno de una familia pobre de bienes terrenales pero rica en fe y
virtudes: oración en común y rosario todos los días, y los domingos Misa y
sagrada Comunión. María es la tercera de los siete hijos de Luigi Goretti y
Assunta Carlini. Al día siguiente de su nacimiento es bautizada y consagrada a
la Virgen. Recibirá el sacramento de la Confirmación a la edad de seis años.
Después
del nacimiento de su cuarto hijo, Luigi Goretti, demasiado pobre para poder
subsistir en su región de origen, emigra con su familia a las grandes llanuras
de los campos romanos, todavía insalubres en aquella época. Se estableció en
Ferriere di Conca, al servicio del conde Mazzoleni, donde María no tarda en
revelar una inteligencia y una madurez precoces. No hay en ella ni un solo
atisbo de capricho, ni de desobediencia, ni de mentira. Es realmente el ángel
de la familia.
Tras
un año de trabajo agotador, Luigi contrae una enfermedad que acaba con él en
diez días. Para Assunta y sus hijos empieza un largo calvario. María llora a
menudo la muerte de su padre, y aprovecha cualquier ocasión para arrodillarse
delante de la verja del cementerio. Quizás su papá se encuentre en el
purgatorio, y como ella no dispone de medios para encargar misas por el reposo
de su alma, se esfuerza en compensarlo con sus plegarias. Pero no hay que
pensar que la muchacha practica la bondad sin esfuerzo, ya que sus
sorprendentes progresos son el fruto de la oración. Su madre contará que el
rosario le resultaba necesario y, de hecho, lo llevaba siempre enrollado
alrededor de la muñeca. De la contemplación del crucifijo, María se nutre de un
intenso amor a Dios y de un profundo horror por el pecado.
"QUIERO A JESÚS"
María
suspira por el día en que recibirá la Sagrada Eucaristía. Según era costumbre
en la época, debía esperar hasta los once años, pero un día le pregunta a su
madre: 
-Mamá,
¿cuándo tomaré la Comunión?. Quiero a Jesús. 
-¿Cómo
vas a tomarla, si no te sabes el catecismo? Además, no sabes leer, no tenemos
dinero para comprarte el vestido, los zapatos y el velo, y no tenemos ni un
momento libre. 
-¡Pues
nunca podré tomar la Comunión, mamá! ¡Y yo no puedo estar sin Jesús! 
-Y, ¿qué
quieres que haga? No puedo dejar que vayas a comulgar como una pequeña
ignorante.
Finalmente,
María encuentra un medio de prepararse con la ayuda de una persona del lugar, y
todo el pueblo acude en su ayuda para proporcionarle ropa de comunión. Recibe
la Eucaristía el 29 de mayo de 1902.
La
recepción del Pan de los ángeles aumenta en María el amor por la pureza y la
anima a tomar la resolución de conservar esa angélica virtud a toda costa. Un
día, tras haber oído un intercambio de frases deshonestas entre un muchacho y
una de sus compañeras, le dice con indignación a su madre: 
-Mamá,
iqué mal habla esa niña! 
-Procura
no tomar parte nunca en esas conversaciones. 
-No
quiero ni pensarlo, mamá; antes que hacerlo, preferiría...
Y la
palabra morir queda entre sus labios. Un mes más tarde, la voz de su sangre
terminará la frase.
Al
entrar al servicio del conde Mazzoleni, Luigi Goretti se había asociado con
Giovanni Serenelli y su hijo Alessandro. Las dos familias viven en apartamentos
separados, pero la cocina es común. Luigi se arrepintió enseguida de aquella
unión con Giovanni Serenelli, persona muy diferente de los suyos, bebedor y
carente de discreción en sus palabras. Después de la muerte de Luigi, Assunta y
sus hijos habían caído bajo el yugo despótico de los Serenelli, María, que ha
comprendido la situación, se esfuerza por apoyar a su madre: 
-Ánimo,
mamá, no tengas miedo, que ya nos hacemos mayores. Basta con que el Señor nos
conceda salud. La Providencia nos ayudará. ¡Lucharemos y seguiremos luchando!
Desde
la muerte de su marido, Assunta siempre está en el campo y ni siquiera tiene
tiempo de ocuparse de la casa, ni de la instrucción religiosa de los más
pequeños. María se encarga de todo, en la medida de lo posible. Durante las
comidas, no se sienta a la mesa hasta que no ha servido a todos, y para ella
sirve las sobras. Su obsequiosidad se extiende igualmente a los Serenelli. Por
su parte, Giovanni, cuya esposa había fallecido en el hospital psiquiátrico de
Ancona, no se preocupa para nada de su hijo Alessandro, joven robusto de
diecinueve años, grosero y vicioso, al que le gusta empapelar su habitación con
imágenes obscenas y leer libros indecentes. En su lecho de muerte, Luigi
Goretti había presentido el peligro que la compañía de los Serenelli representaba
para sus hijos, y había repetido sin cesar a su esposa: 
-Assunta,
regresa a Corinaldo!
 Por
desgracia Assunta está endeudada y comprometida por un contrato de
arrendamiento.

UNA AZUCENA INMACULADA
Al
estar en contacto con los Goretti, algunos sentimientos religiosos han hecho
mella en Alessandro. A veces se agrega al rezo del rosario que realizan en
familia, y los días de fiesta oye Misa. Incluso se confiesa de vez en cuando.
Pero todo ello no impide que haga proposiciones deshonestas a la inocente
María, que en un principio no comprende. Más tarde, al adivinar las intenciones
perversas del muchacho, la joven está sobre aviso y rechaza la adulación y las
amenazas. Suplica a su madre que no la deje sola en casa, pero no se atreve a
explicarle claramente las causas de su pánico, pues Alessandro la ha
amenazado: -Si le cuentas algo a tu madre, te mato. Su único
recurso es la oración. La víspera de su muerte, María pide de nuevo llorando a
su madre que no la deje sola, pero, al no recibir más explicaciones, ésta lo
considera un capricho y no concede ninguna importancia a aquella reiterada
súplica.
El 5
de julio, a unos cuarenta metros de la casa, están trillando las habas en la
era. Alessandro lleva un carro arrastrado por bueyes. Lo hace girar una y otra
vez sobre las habas extendidas en el suelo. Hacia las tres de la tarde, en el
momento en que María se encuentra sola en casa, Alessandro dice:
-Assunta,
¿quiere hacer el favor de llevar un momento los bueyes por mí? 
Sin
sospechar nada, la mujer lo hace. María, sentada en el umbral de la cocina,
remienda una camisa que Alessandro le ha entregado después de comer, mientras
vigila a su hermanita Teresina, que duerme a su lado.
-¡María!,
grita Alessandro. 
-¿Qué
quieres? 
-Quiero
que me sigas. 
-¿Para
qué? -¡sígueme! 
-Si
no me dices lo que quieres, no te sigo. 
Ante
semejante resistencia, el muchacho la agarra violentamente del brazo y la
arrastra hasta la cocina, atrancando la puerta. La niña grita, pero el ruido no
llega hasta el exterior. Al no conseguir que la víctima se someta, Alessandro
la amordaza y esgrime un puñal. María se pone a temblar pero no sucumbe.
Furioso, el joven intenta con violencia arrancarle la ropa, pero María se
deshace de la mordaza y grita: 
-No
hagas eso, que es pecado... Irás al infierno
Poco
cuidadoso del juicio de Dios, el desgraciado levanta el arma: -Si no te dejas,
te mato. 
Ante
aquella resistencia, la atraviesa a cuchilladas. La niña se pone a gritar:
-¡Dios mío! ¡Mamá!, y cae al suelo. Creyéndola muerta, el asesino tira el
cuchillo y abre la puerta para huir, pero, al oírla gemir de nuevo, vuelve
sobre sus pasos, recoge el arma y la traspasa otra vez de parte a parte;
después, sube a encerrarse a su habitación.
María
ha recibido catorce heridas graves y se ha desvanecido. Al recobrar el
conocimiento, llama al señor Serenelli: -¡Giovanni! Alessandro me ha
matado... Venga
Casi
al mismo tiempo, despertada por el ruido, Teresina lanza un grito estridente,
que su madre oye. Asustada, le dice a su hijo Mariano: -Corre a buscar a María;
dile que Teresina la llama. 
En
aquel momento, Giovanni Serenelli sube las escaleras y, al ver el horrible
espectáculo que se presenta ante sus ojos, exclama: -¡Assunta, y tú también,
Mario, venid!. 
Mario
Cimarelli, un jornalero de la granja, trepa por la escalera a toda prisa. La
madre llega también: -¡Mamá!, gime María. -¡Es Alessandro, que quería
hacerme daño!
 
Llaman
al médico ya los guardias, que llegan a tiempo para impedir que los vecinos,
muy excitados, den muerte a Alessandro en el acto.

¡NI UNA GOTA DE AGUA!
Después
de un largo y penoso viaje en ambulancia, hacia las ocho de la tarde, llegan al
hospital. Los médicos se sorprenden de que la niña todavía no haya sucumbido a
sus heridas, pues ha sido alcanzado el pericardio, el corazón, el pulmón
izquierdo, el diafragma y el intestino. Al comprobar que no tiene cura, mandan
llamar al capellán. María se confiesa con toda lucidez. Después, los médicos le
prodigan sus cuidados durante dos horas, sin dormirla. María no se lamenta, y
no deja de rezar y de ofrecer sus sufrimientos a la santísima Virgen, Madre de
los Dolores. Su madre consigue que le permitan permanecer a la cabecera de la
cama. María aún tiene fuerzas para consolarla: 
-
Mamá, querida mamá, ahora estoy bien... ¿Cómo están mis hermanos y hermanas?
A
María la devora la sed: -Mamá, dame una gota de agua. 
-Mi
pobre María, el médico no quiere, porque sería peor para ti. 
Extrañada,
María sigue diciendo: -¿Cómo es posible que no pueda beber ni una gota de agua?
Luego, dirige la mirada sobre Jesús crucificado, que también había dicho ¡Tengo
sed!, y se resigna. 
El
capellán del hospital la asiste paternalmente y, en el momento de darle la
sagrada Comunión, la interroga: -María, ¿perdonas de todo corazón a tu asesino
Ella,
reprimiendo una instintiva repulsión, le responde: -Sí, lo perdono por el amor
de Jesús, y quiero que él también venga conmigo al paraíso. Quiero que esté a
mi lado... Que Dios lo perdone, porque yo ya lo he perdonado. 
En
medio de esos sentimientos, los mismos que tuvo Jesucristo en el Calvario,
María recibe la Eucaristía y la Extremaunción, serena, tranquila, humilde en el
heroísmo de su victoria. El final se acerca. Se le oye decir: -Papá. 
Finalmente,
después de una postrera llamada a María, entra en la gloria inmensa del
paraíso. Es el día 6 de julio de 1902, a las tres de la tarde. No había
cumplido los doce años.

ESTÁ PERDIENDO EL TIEMPO, MONSEÑOR
El
juicio de Alessandro tiene lugar tres meses después del drama. Aconsejado por
su abogado, confiesa: -Me gustaba. La provoqué dos veces al mal, pero no pude
conseguir nada. Despechado, preparé el puñal que debía utilizar. Es condenado a
treinta años de trabajos forzados. Aparenta no sentir ningún remordimiento del
crimen. A veces se le oye gritar:
-¡Anímate,
Serenelli, dentro de veintinueve años y seis meses serás un burgués! 
Pero María no lo olvida. Unos
años más tarde, monseñor Blandini, obispo de la diócesis donde está la prisión,
siente la inspiración de visitar al asesino para encaminarlo al
arrepentimiento. -Está perdiendo el tiempo, monseñor -afirma el
carcelero-, ¡es un duro!
 
Alessandro
recibe al obispo refunfuñando, pero ante el recuerdo de María, de su heroico
perdón, de la bondad y de la misericordia infinitas de Dios, se deja alcanzar
por la gracia. Después de salir el prelado, llora en la soledad de la celda,
ante la estupefacción de los carceleros.
Una
noche, María se le aparece en sueños, vestida de blanco en los jardines del
paraíso. Trastornado, Alessandro escribe a monseñor Blandino: "Lamento
sobre todo el crimen que cometí porque soy consciente de haberle quitado la
vida a una pobre niña inocente que, hasta el último momento, quiso salvar su
honor, sacrificándose antes que ceder a mi criminal voluntad. Pido perdón a
Dios públicamente, y a la pobre familia, por el enorme crimen que cometí.
Confío obtener también yo el perdón, como tantos otros en la tierra".
 Su
sincero arrepentimiento y su buena conducta en el penal le devuelven la
libertad cuatro años antes de la expiración de la pena. Después, ocupará el
puesto de hortelano en un convento de capuchinos, mostrando una conducta
ejemplar, y será admitido en la orden tercera de san Francisco.
Gracias
a su buena disposición, Alessandro es llamado como testigo en el proceso de
beatificación de María. Resulta algo muy delicado y penoso para él, pero
confiesa: "Debo reparación, y debo hacer todo lo que esté en mi mano para
su glorificación. Toda la culpa es mía. Me dejé llevar por la brutal pasión.
Ella es una santa, una verdadera mártir. Es una de las primeras en el paraíso,
después de lo que tuvo que sufrir por mi causa".
En
la Navidad de 1937, se dirige a Corinaldo, lugar donde se había retirado con
sus hijos Assunta Goretti. Lo hace simplemente para hacer reparación y pedir
perdón a la madre de su víctima. Nada más llegar ante ella, le pregunta
llorando. -Assunta, ¿puede perdonarme? -Si María te perdonó
-balbucea-, ¿cómo no voy a perdonarte yo? 
El mismo día de Navidad, los
habitantes de Corinaldo se ven sorprendidos y emocionados al ver aproximarse a
la mesa de la Eucaristía, uno junto a otro, a Alessandro y Assunta.

"¡MIRADLA!"
La
influencia de María Goretti, canonizada como mártir por el Papa Pío XII el 26
de junio de 1959, continúa en nuestros días. El Papa Juan Pablo II la presenta
especialmente como modelo para los jóvenes: "Nuestra vocación por la
santidad, que es la vocación de todo bautizado, se ve alentada por el ejemplo
de esta joven mártir. Miradla, sobre todo vosotros los adolescentes, vosotros
los jóvenes. Sed capaces, como ella, de defender la pureza del corazón y del
cuerpo; esforzaos por luchar contra el mal y el pecado, alimentando vuestra
comunión con el Señor mediante la oración, el ejercicio cotidiano de la
mortificación y la escrupulosa observancia de los mandamientos" (29 de
septiembre de 1991).
La
realidad y el poder de la ayuda divina se manifiestan de una manera
particularmente tangible en los mártires. Elevándolos al honor de los altares,
"la Iglesia ha canonizado su testimonio y declara verdadero su juicio,
según el cual el amor implica obligatoriamente el respeto de sus mandamientos,
incluso en las circunstancias más graves, y el rechazo de traicionarlos, aunque
fuera con la intención de salvar la propia vida" (Veritatis splendor, 91).
Indudablemente, pocas personas son llamadas a padecer el martirio de la sangre.
Sin embargo, ante las múltiples dificultades, que incluso en las circunstancias
más ordinarias puede exigir la fidelidad al orden moral, el cristiano,
implorando con su oración la gracia de Dios, está llamado a una entrega a veces
heroica. Le sostiene la virtud de la fortaleza, que -como enseña san Gregorio
Magno- le capacita para amar las dificultades de este mundo a la vista del
premio eterno" (id, 93).
Por
eso el Papa no teme decir a los jóvenes: "No tengáis miedo de ir
contracorriente, de rechazar los ídolos del mundo". y explica: "Mediante
el pecado, damos la espalda a Dios, nuestro único bien, y elegimos ponernos del
lado de los ídolos que nos conducen a la muerte ya la condenación eterna, al
infierno". María Goretti "nos alienta a experimentar la alegría de
los pobres que saben renunciar a todo con tal de no perder lo único que es
necesario: la amistad de Dios... Queridos jóvenes, escuchad la voz de Cristo
que os llama, también a vosotros, al estrecho sendero de la santidad" (29
de septiembre de 1991).
Santa
María Goretti nos recuerda que "el estrecho sendero de la santidad"
pasa por la fidelidad a la virtud de la castidad. En nuestros días, con
frecuencia, la castidad es objeto de burla y de desprecio. El cardenal López
Trujillo escribe al respecto: "Para algunas personas que se hallan en
ambientes donde se ofende y se desacredita la castidad, vivir castamente puede
exigir una dura lucha, a veces heroica. De todas formas, con la gracia de
Cristo, que se desprende de su amor de Esposo por la Iglesia, todos pueden
vivir castamente, incluso si se hallan en circunstancias poco favorables a
ello" (Verdad y sentido de la sexualidad humana, Consejo pontifical para
la familia,8 de diciembre de 1995, 19).

UN LARGO Y LENTO MARTIRIO
Conservar
la castidad implica rechazar ciertos pensamientos, frases y actos pecaminosos,
así como huir de las ocasiones de pecado. "Que la alegre infancia y la
ardiente juventud aprendan a no abandonarse desesperadamente a los gozos
efímeros y vanos de la voluptuosidad, ni a los placeres de los vicios embriagadores
que destruyen la apacible inocencia, engendran sombría tristeza y debilitan más
pronto o más tarde las fuerzas del espíritu y del cuerpo", advertía el
Papa Pío XII con motivo de la canonización de Santa María Goretti. El Catecismo
de la Iglesia católica recuerda lo siguiente: "O el hombre controla sus
pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace
desgraciado" (2339). Por eso resulta necesario seguir un modelo de vida
que "requiera mucha fuerza, una constante atención y una renuncia valiente
a las seducciones del mundo. Debemos ser capaces de vigilar incesantemente, sin
desistir bajo ningún pretexto... hasta el término de nuestro recorrido
terrenal. En definitiva, se trata de una lucha contra sí mismo que podemos
asimilar a un largo y lento martirio. El Evangelio nos exhorta con claridad a
emprender esa lucha: El Reino de los cielos sufre violencia, y los violentos
-los que se esfuerzan- la conquistan. (Mt 11:12). (Juan Pablo II, id).
Para
poder crear un clima favorable a la castidad, es importante practicar la
modestia y el pudor en la manera de hablar, de actuar y de vestir. Con esas
virtudes, la persona es respetada y amada por sí misma, en lugar de ser
contemplada y tratada como objeto de placer. De ese modo, los padres deberán
velar para que ciertas modas no profanen la casa, en especial a través de un
mal uso de los medios de comunicación de masas. Habrá que animar a los niños y
adolescentes a estimar y practicar el dominio de sí mismos, a ser discretos, a
vivir con orden, a realizar sacrificios personales en medio de un espíritu de
amor por Dios y de generosidad hacia los demás, sin sofocar los sentimientos y
las tendencias de cada uno, sino canalizándolas hacia una vida de virtud (cf.
Consejo pontifical para la familia, íd. 56,-58). Siguiendo el ejemplo de María
Goretti, los jóvenes descubrirán "el valor de la verdad que libera al
hombre de la esclavitud de las realidades materiales", y podrán
"descubrir el gusto por la auténtica belleza y por el bien que vence al
mal" (Juan Pabloll, íd).
¡Santa
María Goretti, consigue para nosotros de Dios, mediante la intercesión de la
santísima Virgen y de san José, esa fuerza sobrenatural que te hizo preferir la
muerte al pecado, a fin de que podamos seguir tus luminosas huellas con
alegría, con energía y con afán!
Autor:
Dom Antoine Marie, OSB

Abadía de Saint Joseph de Clairval

Texto extraído de la revista Ave María, nº 667

lunes, 4 de marzo de 2019

Una reflexión para cada día del mes de San José

Una reflexión para cada día del mes de San José

Una reflexión para cada día del mes de marzo, mes de San José



San JoséLa Iglesia dedica el mes de marzo a San José. A continuación, podrán leer una reflexión para cada día de dicho mes.


Día 1º- Padre de Jesús. Escogido por el Eterno Padre, con amor previsor, para ser un padre para Jesús, tú, oh san José, has sido uno de los principales interlocutores en el plan de la salvación, según las promesas de Dios a su pueblo.

Ayúdame, san José, a leer hoy, el proyecto de Dios sobre mi vida, conforme a su plan de salvación.

Día 2º- Hombre de los proyectos divinos. Durante tu vida, tú, san José, no te has preocupado por hacer cosas grandes, sino por cumplir bien la voluntad de Dios, inclusive en las cosas más sencillas y humildes, con mucho empeño y amor.

Enséñame, san José, la prontitud en buscar y realizar la voluntad de Dios.

Día 3º- Esposo de la Madre de Dios. Después de la perturbación inicial, oh san José, tu ‘sí’ a la voluntad de Dios fue claro y preciso, aceptando a María como tu esposa. Fue por tu ‘sí’ que Jesús formó parte, a pleno derecho, de la estirpe de David ante la ley y ante la sociedad.

Te confiamos, oh san José, a todos los padres, para que, siguiendo tu ejemplo, acepten en los hijos el don inestimable de la vida humana.

Día 4º- Hombre del silencio. Junto a Jesús y a María, san José, fuiste hombre del silencio. Tu casa fue un templo. ¡Un templo donde lo primero fue el amor!

Enséñame, oh san José, a dominar mi locuacidad y a cultivar el espíritu de recogimiento.

Día 5º- Hombre de fe. Aún más que Abraham, a ti, san José, te tocó creer en lo que es humanamente impensable: la maternidad de una virgen, la encarnación del Hijo de Dios.

Fortalece, oh san José, a quien se desanima y abre los corazones para confiar en la Providencia de Dios.

Día 6º- Hombre de la esperanza. Oh San José, tú has vivido en una actitud de serena esperanza ante la persona de Jesús, de quien, durante tu vida, jamás pudiste vislumbrar algo que revelara su divinidad.

Aumenta, san José, mi capacidad de esperanza, alimentando el aceite para mis lámparas de espera. 

Día 7º- Hombre del amor a Dios. Oh san José, tú diste pruebas de entrega plena y total a tus seres queridos, Jesús y María, y con ello dabas gloria a Dios. 

Enséñame, oh san José, a amar a Dios con todo mi corazón, con toda mi mente y con todas mis fuerzas, y al prójimo como a mí mismo.

Día 8º- Hombre de la acogida. Oh san José, tu trabajo te llevaba a relacionarte a menudo con la gente, y en ello diste pruebas de atenta cortesía y de calurosa acogida. 

Oh san José, ¡que yo sepa descubrir aquellos gestos que me hacen imagen viva de la disponibilidad con que Dios nos recibe tal como somos!

Día 9º- Hombre del discernimiento. No te fue tan fácil, oh san José, discernir entre las circunstancias de la vida lo que Dios quería de ti para tu misión y tu familia. 

Ayúdame, oh san José, a intuir entre los acontecimientos del día el paso de Dios por mi vida. 

Día 10º- Hombre de la docilidad. ¡Qué hermosa fue tu docilidad, oh querido santo, en actitud de constante atención a la Sagrada Escritura y a la voluntad de Dios! 

    Aleja de mí, oh san José, la presunción, el apego tonto a mis opiniones, la obstinación de seguir sólo mis ideas.

Día 11º- Hombre de la entrega. Tú, oh san José, no perdías tiempo en cosas vanas e inútiles y no obrabas con disgusto o mala gana.

Ayúdame, oh san José, a no ser flojo en mis responsabilidades, sino a dedicarme a mis quehaceres con la máxima entrega. 

Día 12º- Hombre de la sencillez. Ser persona sencilla como tú, oh san José, no es sólo una dimensión del carácter, sino una virtud adquirida con el esfuerzo diario de hacerse disponible a los demás. 

Ayúdame, oh san José, a no ser persona complicada, retorcida, e inaccesible, sino amable, sencilla y transparente.

Día 13º- Hombre de la confianza. Tu seguridad, oh san José, se cimentaba en la atención y adhesión constante a la voluntad de Dios, tal como iba manifestándose día tras día.

Haz, oh san José, que yo tenga la seguridad de quien confía en Dios, sabiendo que en cualquier situación, aunque adversa, estoy en sus manos.

Día 14º- Hombre de la paz. Tú, oh san José, como padre has educado a Jesús adolescente hacia aquellos valores que luego Él predicó, proclamando felices a “los que trabajan por la paz”.

Oh san José, ayúdame a promover la paz en mi propia familia y en el ambiente donde vivo y trabajo.

Día 15º- Ejemplo de humildad. ¡Cómo te sentías pequeño a tus ojos, oh san José! ¡Cómo amabas tu pequeñez! Siempre en la sombra, mantuviste tu vida bien escondida para responder al proyecto de Dios.

Ayúdame, oh san José, a huir de la vanagloria. Haz que encuentre gusto en la humildad y en relativizar mis intereses personales.

Día 16º- Ejemplo de fortaleza. Sin duda, oh san José, tu fortaleza, como jefe de familia, fue fundamental en los momentos cruciales que los Evangelios nos dejan entrever. Pero seguramente se consolidó luego en el trabajo de cada día.

Ayúdame, oh san José, a no desfallecer frente a las tentaciones, fatigas y sufrimientos.

Día 17º- Ejemplo de obediencia. Fue admirable tu obediencia en lo poco que los Evangelios nos revelan. Obedecer, casi a ciegas, a lo que las circunstancias iban indicándote como querer de Dios. 

Aleja de mí, oh san José, todas las excusas que mi egoísmo y flojera me presionan para no cumplir la voluntad de Dios.

Día 18º- Ejemplo de justicia. El evangelio te definió hombre justo, querido san José. Lo cual para nosotros ahora significa ser persona que actúa para con Dios y los hombres con rectitud y honestidad. 

Alcánzame, oh san José, la ayuda para mantener actitudes sanas en mis relaciones con Dios y los hombres.

Día 19º- Ejemplo de prudencia. Tu prudencia, querido santo, se manifestó en la correcta valoración de las circunstancias para tomar en tu vida aquellas decisiones que mejor favorecían a tu propia familia. 

Haz, oh san José, que yo no tome decisiones importantes sin antes valorar bien a quienes realmente puedan afectar. 

Día 20º- Ejemplo de pobreza. La vida pobre y escondida en Nazaret, a lado de tus seres queridos, te llevó, querido santo, a ser un trabajador responsable y activo, sin escatimar sacrificio alguno. 

Obtenme, oh san José, la gracia del espíritu de pobreza, siendo responsable en mis quehaceres. 

Día 21º- Ejemplo de gratitud. Nadie después de tu esposa, querido san José, recibió, de la bondad de Dios, tanto como tú. Y después de María, nadie cultivó tanto un corazón agradecido por los dones recibidos. 

Haz, oh san José, que yo sea consciente de los dones que Dios me otorga cada día. 

Día 22º- Ejemplo para los obreros. Como cada uno de nosotros, también tú, oh san José, sentiste la fatiga y el cansancio del trabajo de cada día.

Ayúdame, oh san José, a valorar la dignidad de mi trabajo, sea cual sea, y a cumplirlo con entusiasmo y responsabilidad.

Día 23º- Ejemplo de la misión. Aunque con una vida escondida, tú, oh querido santo, has cumplido una misión específica, única e irrepetible en la historia. 

Haz, oh san José, que yo pueda con la palabra y con el testimonio de vida, colaborar en la misión de la Iglesia para la construcción del reino de Dios. 

Día 24º- Custodio de la virginidad. Como esposo de la Madre de Dios cuidaste con amor casto su virginidad respondiendo así al proyecto de Dios.

Haz, oh san José, que yo viva con responsabilidad mi vocación específica, educando y fomentando mi capacidad de amar. 

Día 25º- Consuelo de los que sufren. Oh san José, tu vida no estuvo exenta de la sombra del dolor, que has asumido con mucha serenidad y paz del corazón.

Ayúdame, oh san José, a darme cuenta de que una vida de amor no puede estar exenta de la sombra del sufrimiento para que encuentre el camino hacia la verdadera felicidad.

Día 26º- Esperanza de los afligidos. En tu vida, oh san José, no todo fue claro y fácil de comprender. Sin embargo, supiste ubicarte siempre con la seguridad que te daba la esperanza de estar en las manos de Dios. 

Te ruego, oh san José, de consolar hoy a todos los que están afligidos por cualquier causa. Llena sus días de personas amigas y desinteresadas.

Día 27º- Patrono de los moribundos. Tú, oh san José, tuviste la suerte de morir asistido por Jesús y tu esposa María. ¡Nadie podría desear algo mejor en el momento más decisivo de su vida! 

Asísteme, oh querido santo, en el momento de mi muerte. 

Día 28º- Amparo de las familias. Oh san José, la Escritura afirma que a lado tuyo y de María, Jesús “crecía en edad, sabiduría y gracia”.

Te ruego, oh san José, por los niños y los jóvenes para que encuentren en su familia y en la comunidad el ambiente ideal para crecer sanos y felices.

Día 29º- Modelo de vida doméstica. Oh san José, en la Familia de Nazaret asumiste plenamente tu responsabilidad, con espíritu de colaboración y de humildad.

Haz, oh san José, que los padres sepan unir todas las potencialidades del amor humano con una buena vida cristiana.

Día 30º- Terror de los demonios. Oh san José, fortificado por la Palabra de la Escritura, has podido vencer las tentaciones siempre. 

Libera, oh san José, mi corazón y mi mente de toda tentación, para que sea un buen cristiano y un honrado ciudadano.

Día 31º- Patrono de la Iglesia Universal. Oh san José, por la misión que te fue confiada, asistes a la Iglesia de Cristo, haciendo que camine siempre en la verdad y en el amor, para ser luz del mundo.

Guía, querido santo, a la Iglesia de Cristo en el camino de la santidad, para que sea siempre más eficaz y alegre anunciadora del Evangelio.