viernes, 21 de marzo de 2014

EL REGALO ENCUBIERTO

EL REGALO ENCUBIERTO
Un joven muchacho que estaba a punto de graduarse, admiraba desde hacía unos meses un precioso automóvil deportivo en un concesionario de coches. Sabiendo que su padre podría comprárselo, le dijo que ese auto era todo lo que quería; y a sabiendas que se acercaba el día de graduación y que su padre tenía las posibilidades económicas de concedérselo, el joven esperaba ver alguna señal de que su padre hubiese comprado el auto que tanto soñaba.


Finalmente, en la mañana del día de graduación, su padre le llamó para decirle lo orgulloso que se sentía de tener un hijo tan bueno y lo mucho que lo amaba.

El padre tenía en sus manos una hermosa caja de regalo. Curioso e impaciente, el joven abrió la caja y encontró una hermosa Biblia de cubiertas de piel y con su nombre escrito con letras de oro.

Enojado le gritó a su padre: "¿Con todo el dinero que tienes y lo que me das es esta Biblia?". Salió de la casa y no regresó jamás.

Pasaron muchos años y el joven se convirtió en un exitoso hombre de negocios. Tenía una hermosa casa y una bonita familia, pero cuando supo que su padre (que ya era anciano) estaba muy enfermo, pensó visitarlo. No lo había vuelto a ver desde el día de su graduación.

Poco antes de partir para verlo, recibió un telegrama donde decía que su padre había muerto y le había heredado todas sus posesiones, por lo cual necesitaba urgentemente ir a su casa para arreglar todos los trámites de inmediato.

Cuando llegó a la casa de su padre, la tristeza y el arrepentimiento llenaron su corazón.

Empezó a ver todos los documentos importantes que su padre tenía y encontró la Biblia que en aquella ocasión su padre le había dado. Con lágrimas, con mucho dolor, la abrió y empezó a hojear sus páginas. Su padre cuidadosamente había subrayado un verso en Mateo 7.11: "Y si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas guías a vuestros hijos, cuanto más nuestro Padre Celestial dará a sus hijos aquello que le pidan".

Mientras leía esas palabras, unas llaves cayeron de la Biblia. Tenía una tarjeta del concesionario de automóviles donde había visto ese deportivo que había deseado tanto. En la tarjeta estaba la fecha del día de su graduación con las palabras: "TOTALMENTE PAGADO".

MORALEJA:  ¿Cuántas veces hemos rechazado y perdido las Bendiciones de Dios o las oportunidades de disfrutar y/o vivir algo, porque no vienen envueltas en paquetes hermosos, como nosotros esperamos? 


ORIGEN DEL DÍA DEL PADRE



ORIGEN
DEL DÍA DEL PADRE



La señora Sonora Smart Dodd, de Washington,
fue la que propuso la idea del “día del padre” en 1909.



Dicha señora quería que existiera un día especial para honrar a su padre, Henry
Jackson Smart. Henry era veterano de la guerra civil. Se convirtió en viudo
cuando su esposa, la madre de la señora Dodd, murió en el parto de su sexto
hijo. Fue en una granja rural en el estado de Washington donde el Sr. Smart se
hizo cargo de la educación de sus seis hijos.



La señora Dodd era consciente del gran esfuerzo que  su padre había
realizado, siendo un verdadero ejemplo al criar a todos sus hijos teniendo muy
presente los valores y la buena educación.



El primer día del padre se celebró el 19 de junio de 1910 en Spokane
(Washington). Esta celebración se extendió a otras ciudades de Estados Unidos
durante los siguientes años. En 1924, el presidente Calvin Coolidge declaró el
día del padre como una celebración nacional. Finalmente, en 1966, el presidente
Lyndon Johnson firmó una proclamación presidencial que declaraba el tercer
domingo de junio como el día del padre.



En la mayor parte de los países de América Latina, al igual que en los Estados
Unidos y Canadá, el Día del Padre se celebra el tercer domingo de junio.



En España, Bolivia, Honduras, Italia y Portugal se festeja el 19 de marzo, día
de San José. En Brasil, en cambio, se celebra cada segundo domingo de agosto.
En la República Dominicana se celebra el último domingo de julio, y en
Guatemala y en El Salvador el festejo es el 17 de junio.



El día del padre es un día no solamente para honrar a nuestro padre, sino a
todos los hombres que actúan como figura del padre. Se celebra también a los
padrastros, a los tíos, a los abuelos, y en general a la figura paterna, ya que
todos son acreedores a que se les celebre el Día del Padre.



Padre: te rendimos homenaje hoy porque nos has dado la vida, porque nos
proteges, porque nos cuidas, porque nos educas y porque te preocupas por
nosotros, tus hijos. ¡Que Dios te bendiga!


 Tambien lo encuentra en Web Católico de Javier (Clic) ORIGEN DEL DÍA DEL PADRE

sábado, 15 de marzo de 2014

LA ROCA EN EL CAMINO



UNA
ROCA EN EL CAMINO

No conocemos la oportunidad hasta que ésta pasa por
nuestro lado y la dejamos ir…



Hace mucho tiempo, en un país lejano, un rey muy sabio colocó una gran roca
obstaculizando un camino.



A continuación se escondió y miró para ver si alguien quitaba la tremenda roca.



Algunos de los comerciantes más adinerados del país y cortesanos que
atravesaban diariamente ese sendero, simplemente dieron una vuelta alrededor de
la roca al tiempo que muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los
caminos despejados, pero ninguno hizo nada para retirar la piedra grande del
camino.



Pero fue entonces cuando un pobre campesino que llevaba una gran carga pasó por
allí. Al aproximarse a la roca, el campesino depositó su mercancía en el suelo
y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse
mucho, lo logró.



Mientras recogía su carga de vegetales, se percató de la presencia de una bolsa
justo donde había estado la roca. La misma contenía muchas monedas de oro y una
nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la
piedra del camino.



El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.



Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar la condición de uno. 










Tambien esta historia lo encuentras en WEB CATOLICO DE JAVIER  LA ROCA EN EL CAMINO

domingo, 9 de marzo de 2014

Menú Cuaresmal

MENÚ CUARESMAL 
Recetas al alcance de todas y todos.
 
1. TENER A MANO:
Abrelatas, para abrir corazón endurecido.
Cuchillo, para cortar vicios.                        


Destapador, para destapar lo atorado en las relaciones familiares.
Colador, para pasar por alto las ofensas y purificar intenciones.
Mandil, para el servicio.

2. ABSTENERSE:
Abstenerse de comer prójimo (chismes, murmuraciones y calumnias).
Quitarle al condimento los desquites.
Evitar consumir altas grasas de egoísmo.
No tomar vinagre, que pone de mal humor.
Lavar bien el corazón para que no se infecte de la cólera.
Evitar el consumo excesivo de picantes, para no "picarse" y decir maldiciones.
Evitar el camarón, porque adormece la conciencia, y "camarón que se duerme, se lo lleva la corriente".
No tomar postres helados que congelen el afecto.
Evitar comer pan de muertos -de envidia.

3. MENÚ RECOMENDADO:

Como plato fuerte: exquisita caridad para con el prójimo.
Caldo de atención a los desamparados y enfermos.
Ensalada de detalles de afecto para los suyos.
Pan abundante para compartir con el hambriento.

Vino de alegría para convidar a los tristes y desanimados.
Sopa de letras para escribir más seguido a familiares y amigos.
Sopa de zanahoria para ver con buenos ojos a los demás.
Pan bendito para los afligidos, ya que "las penas con pan son menos".

DE POSTRE, SE RECOMIENDA:

Perita en dulce, para ser buena persona.
Yogurt de guayaba... para repetir gestos de perdón.
Naranja dulce y limón partido "dame un abrazo que yo te pido"(abrazar a los seres queridos, y darles muestras de aprecio verdadero, no de chocolate).
Y no olvides:
"DONDE COME UNO, COMEN DOS" Y "ÉCHALE SIEMPRE MÁS AGUA A LA SOPITA".
Comparte tu vida con OTRAS PERSONAS. Finalmente, el Chef celestial recomienda sobre todo el alimento espiritual:
"EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE, TIENE VIDA ETERNA"

Tambien puede encontrar en Web Católico de Javier http://webcatolicodejavier.org/menucuaresmal.html

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2014

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2014 Pulsa aquí

domingo, 2 de marzo de 2014

LA CONFESIÓN COMO TERAPIA



LA CONFESIÓN COMO TERAPIA



Conocí a un personaje con un cargo importante. Un poco cegato de ojos y de
mente. Se levantaba por las mañanas, entraba en la empresa y empezaba a dar
cornadas – disposiciones y órdenes- a diestro y siniestro. De pronto, veía a
uno con las tripas fuera: Juan, ¿qué te pasa?.
¿Que qué me pasa? Respondía Juan, que me acabas de dar
una "corná".



¿Quéee, cómooo, yooo? El tal personaje no sabía lo que hacía, pero tenía una
rara virtud: Ante Dios y ante los hombres sabía pedir perdón y reparar los
desperfectos. Igualmente, los cristianos, el pueblo de Dios hace tiempo que
tienen ojos y no ven, oidos y no oyen; y les cuesta mucho, muchísimo pedir
perdón y reparar. Jesús sabía de que barro estamos hechos cuando suplicó: “
Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”



Una de las funciones esenciales del sacerdote es perdonar ¡siempre! los
pecados, y perdonarlos a través de la confesión. En el Catecismo de la Iglesia
Católica se sigue recomendando vivamente el sacramento de la penitencia. Un
verdadero milagro de amor. ¿Por qué nos confesamos tan poco hoy? Sin embargo,
no suele oirse advertir a las muchedumbres que se acercan a comulgar sobre el
grave pecado de hacerlo en pecado mortal.



Hace poco, tras una reunión de niños con el Papa una niña le preguntó: ¿ Por
qué hay que confesarse frecuentemente? El Papa le respondió: Y ¿por qué barre y
limpia la casa tu mamá todos los días? Aunque tenga poco polvo y suciedad, la
limpia, sin esperar a que la casa llegue a oler mal o esté tan desordenada que
se convierta en una pocilga. Como el polvo, las pequeñas ofensas ensucian el
alma y las relaciones con Dios, y poco a poco esta suciedad, si no la
eliminamos, nos acarreará serios disgustos.



Muchos religiosos y laicos tienen la norma de confesarse todas las semanas,
pero ¿de qué pecados? de los que nunca nos confesamos, del primero y principal
de todos los mandamientos : De amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo
como a ti mismo. Así:



El buen hijo nunca miente, roba, maltrata u ofende de cualquier otra forma a su
Padre, pero el Padre no se conforma con eso, quiere ser amado, que se le trate
con cariño, que le obedezcamos, que nos acordemos de su cumpleaños o
determinadas fechas importantes, le ayudemos o aliviemos en su trabajo,
tengamos un detalle de vez en cuando, mantengamos conversaciones con él…
Además, Cristo dijo: “El que me ama es el que cumple mis mandamientos”



Hay otras muchas cosas de las que tampoco se nos ocurre confesarnos ni pedir
perdón:

a) De no hacer nuestros trabajos con la mayor perfección posible, de las
chapuzas…...

b) De conducir peligrosamente o con dos copas de más, siendo un grave peligro
para los demás prójimos además de para sí mismo).

c) De perder nuestro tiempo y hacérselo perder a los demás, una forma de robo
como otra cualquiera.

d) De no hacer la vida amable a los que nos rodean gruñendo, criticando,
murmurando siempre, sin decir una palabra de estímulo o amable a nadie; cosas
que no matan pero hacen la vida triste.

e) De no agradecer nunca la comida con una palabra cariñosa a quien nos la ha
preparado.

f) De no ayudar en las tareas de la casa , de maltratar a los inferiores, de no
apagar la TV ante un programa peligroso para el alma, de no ayudar a los
necesitados (a veces cercanos a nosotros); ni dar un euro para los afectados
por terremotos, incendios, inundaciones……

g) Pedir perdón en cuanto “metemos la patita” que es una forma inteligente de
terminar rápidamente con discusiones y malentendidos.



Muy duro es pedir perdón a los hombres y muy grave para los cristianos no
hacerlo ante Dios. Y sin pedir perdón y perdonar, no hay, ni habrá nunca paz.
Especialmente, hemos olvidado los pecados de omisión: “Todo lo bueno que
pudimos hacer y no hicimos”. Los gobernantes, no sólo los políticos, nos dicen
siempre lo que han hecho bien, los gobernados o la oposición lo que hicieron
mal; pero ninguno nos dice nunca lo que tenían que haber hecho y no hicieron.
En la mayoría de estos casos, los temas más importantes.



Por otra parte, en estos días en que tantas personas andan agobiadas por
depresiones, y/o ansiosas de paz y equilibrio espiritual, pocas terapias
encontrarán tan gratificantes como una confesión bien hecha. Solo tiene un
defecto: ¡ES GRATIS!




Extracto de un artículo de Alejo
Fernández Pérez    





RESUMEN DE LAS PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE LA
CONFESIÓN   
Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy está centrada en el sacramento de
la Reconciliación. Este sacramento brota directamente del Misterio Pascual.
Jesús Resucitado se apareció a sus apóstoles y les dijo: «Reciban el Espíritu
Santo, a quienes perdonen los pecados, les quedarán perdonados». Así pues, el
perdón de los pecados no es fruto de nuestro esfuerzo personal, sino un regalo,
don del Espíritu Santo que nos purifica con la misericordia y la gracia del
Padre.

La Confesión, que se realiza de forma personal y privada, no debe hacernos
olvidar su carácter eclesial. En la comunidad cristiana es donde se hace
presente el Espíritu Santo, que renueva los corazones en el amor de Dios y une
a todos los hermanos en un solo corazón, en Jesucristo. Por eso, no basta pedir
perdón al Señor interiormente; es necesario confesar con humildad los propios
pecados ante el sacerdote, que es nuestro hermano, representa a Dios y a la
Iglesia.

El ministerio de la Reconciliación es un auténtico tesoro, que en ocasiones
corremos el peligro de olvidar, por pereza o por vergüenza, pero sobre todo por
haber perdido el sentido del pecado, que en el fondo es la pérdida del sentido
de Dios. En cambio, cuando nos dejamos reconciliar por Jesús, encontramos la
paz verdadera.



"No hay que tener miedo de la confesión. Uno, cuando entra al
confesionario, siente tantas cosas, incluso vergüenza. Pero después se siente
libre, grande, hermoso, perdonado”

"Pero 'padre, me da vergüenza'. También la vergüenza es buena. Es
saludable sentir un poco de vergüenza. La vergüenza es saludable. Cuando una
persona no siente vergüenza, en mi país, se dice que es un 'sinvergüenza', un
sinvergüenza”.

Luego pidió a las más de 20.000 personas presentes en la plaza que recordaran
cuándo fue la última vez que se confesaron: Quizá hace semanas, meses o años.
Por eso Francisco dijo que el tiempo apremia."Cada uno de vosotros debería
preguntarse: ¿Cuándo fue la última vez que me confesé? Si pasó mucho tiempo,
entonces no pierdas ni un día más. ¡Adelante!”. 




LA CONFESIÓN COMO TERAPIA : web Católico de Javier

sábado, 1 de marzo de 2014

Para qué la misa

                                  ¿Para qué la misa?

Un viernes de hace dos mil años, un hombre sin pecado
ofreció su vida, su sangre y su muerte en un gesto de suprema obediencia
dictada por el amor. Aquel hombre era el Hijo de Dios, y porque era
perfectamente santo, el Padre le abrió los brazos y lo resucitó en la gloria.
Mediante su sacrificio, la humanidad entera entró en la vida eterna de Dios. Es
el sacrificio de Cristo que nos salva, pero Dios nos respeta tanto que no
quiere salvarnos sin nosotros: es necesario que nosotros nos ofrezcamos junto a
Jesús. Y para esto está la Misa, que es la permanencia de su sacrificio. La
Misa es una presencia, una nueva presencia, un nuevo presentarse Cristo en su
único acto redentor; es un hacer presente aquí y ahora el sacrificio del
calvario que llega a ser una realidad de nuestro tiempo, de nuestra parroquia,
de nuestra vida. Por esto es necesario ir con alegría y reconocimiento.

Es preciso ir con los propios pies,
mientras se puede; con la propia boca y con el propio corazón para comer el
fruto de la vida. "Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la
vida eterna y yo le resucitaré en el último día" (Jn 6.54).






Explicación de por qué ir a Misa dada
por el Papa Francisco

En su catequesis de la audiencia general
realizada el 12 de febrero de 2014, en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco
respondió a una serie de preguntas sobre cómo vivir la Misa y respondió a
diversas excusas de quienes no quieren asistir a la Eucaristía dominical.



“¿Cómo vivimos nosotros la Eucaristía? ¿Cómo vivimos la Misa, cuando vamos a
Misa los domingos? ¿Es sólo un momento de fiesta? ¿Es una tradición bien
establecida, qué se hace? ¿Es una ocasión para encontrarnos o para sentirnos
bien o es algo más? Hay señales muy específicas para averiguar cómo vivir esto.
Cómo vivimos la Eucaristía. Señales que nos dicen si vivimos la Eucaristía
bien, o no la vivimos tan bien”



El Santo Padre dijo que, en cuanto a la Misa, es fundamental saber que allí
tenemos la gracia “de ser perdonados y perdonar. A veces alguien pregunta:
‘¿Por qué hay que ir a la iglesia, si los que participan regularmente en la
Misa son pecadores como los demás?’. ¡Cuántas veces hemos oído esto!”



“En realidad, quien celebra la Eucaristía no lo hace porque cree o quiere
aparentar más que los demás, sino porque se reconoce siempre con la necesidad
de ser aceptado y regenerado por la misericordia de Dios, hecha carne en
Jesucristo. ¡Si cada uno de nosotros no se siente con la necesidad de la
misericordia de Dios, no se siente un pecador, es mejor que no vaya a Misa!”



“¿Por qué vamos a Misa?”, cuestionó el Papa y respondió: “porque somos
pecadores y queremos recibir el perdón de Jesús, participar en su redención, en
su perdón. ¡Ese ‘confieso’, que decimos al principio no es algo ‘formal’, es un
verdadero acto de penitencia! ¡Yo soy pecador y confieso! Así da inicio la
Misa”.



“No debemos olvidar nunca que la Última Cena de Jesús tuvo lugar ‘la noche en
que fue traicionado’. En el pan y el vino que ofrecemos y en torno al cual nos
reunimos se renueva cada vez el don del Cuerpo y la Sangre de Cristo para la
remisión de nuestros pecados. Debemos ir a Misa humildemente, como pecadores y
el Señor nos reconciliará”.



Otro indicador de la vivencia de la Misa adecuadamente, dijo el Pontífice, es
la capacidad de descubrir a los otros como hermanos a partir del amor a Jesús,
para lugar compartir su Pasión y su Resurrección, especialmente con los más
necesitados como aquellos que han sido afectados por la lluvia en los días
recientes en los alrededores de Roma.



“Me pregunto, todos preguntémonos: yo, que voy a misa, ¿cómo vivo esto? ¿Me
preocupo de ayudar, de acercarme, de rezar por ellos, que tienen este problema?
¿O soy un poco indiferente? O tal vez me preocupo de chismorrear: ‘¿viste cómo
iba vestida aquella, como iba vestido aquél?’.... A veces se hace esto después
de la Misa, ¿o no? ¡Se hace! ¡Y esto no se debe hacer! Debemos preocuparnos por
nuestros hermanos y hermanas que tienen una necesidad, una enfermedad, un
problema”.



Un “último y valioso indicador” sobre la vivencia de la Misa es la relación
entre la Eucaristía y las comunidades cristianas: “debemos tener siempre
presente que la Eucaristía no es algo que hacemos nosotros; no es una
conmemoración nuestra de lo que Jesús dijo e hizo. No ¡Es propiamente una
acción de Cristo! ¡Es Cristo quien los realiza, que está en el altar! Y Cristo
es el Señor. Es un don de Cristo, que se hace presente y nos reúne en torno a
Él, para alimentarnos con su Palabra y con su vida”.



“Esto significa que la misión y la misma identidad de la Iglesia fluyen a
partir de ahí, de la Eucaristía, y allí siempre toman forma. Una celebración
puede llegar a ser impecable en términos de apariencia, hermosísima, pero si no
nos lleva al encuentro con Jesús, puede que no comporte ningún alimento a
nuestro corazón y a nuestra vida. A través de la Eucaristía, en cambio, Cristo
quiere entrar en nuestra existencia e impregnarla de su gracia, para que en
cada comunidad cristiana haya coherencia entre liturgia y vida: esta coherencia
entre liturgia y vida”.